domingo, 26 de diciembre de 2010

La mancha indeleble

Juan Bosch

La mancha indeleble

Todos los que habían cruzado la puerta antes que yo habían entregado sus cabezas, y yo las veía colocadas en una larga hilera de vitrinas que estaban adosadas a la pared de enfrente. Seguramente en esas vitrinas no entraba aire contaminado, pues las cabezas se conservaban en forma admirable, casi como si estuvieran vivas, aunque les faltaba el flujo de la sangre bajo la piel. Debo confesar que el espectáculo me produjo un miedo súbito e intenso. Durante cierto tiempo me sentí paralizado por el terror. Pero era el caso que aún incapacitado para pensar y para actuar, yo estaba allí: había pasado el umbral y tenía que entregar mi cabeza. Nadie podría evitarme esa macabra experiencia.
La situación era en verdad aterradora. Parecía que no había distancia entre la vida que había dejado atrás, del otro lado de la puerta, y la que iba a iniciar en ese momento. Físicamente, la distancia sería de tres metros, tal vez de cuatro.
Sin embargo lo que veía indicaba que la separación entre lo que fui y lo que sería no podía medirse en términos humanos.
-Entregue su cabeza -dijo una voz suave.
-¿La mía? -pregunté, con tanto miedo que a duras penas me oía a mí mismo.
-Claro -¿Cuál va a ser?
A pesar de que no era autoritaria, la voz llenaba todo el salón y resonaba entre las paredes, que se cubrían con lujosos tapices. Yo no podía saber de dónde salía. Tenía la impresión de que todo lo que veía estaba hablando a un tiempo: el piso de mármol negro y blanco, la alfombra roja que iba de la escalinata a la gran mesa del recibidor, y la alfombra similar que cruzaba a todo lo largo por el centro; las grandes columnas de mayólica, las cornisas de cubos dorados, las dos enormes lámparas colgantes de cristal de Bohemia. Sólo sabía a ciencia cierta que ninguna de las innumerables cabezas de las vitrinas había emitido el menor sonido.
Tal vez con el deseo inconsciente de ganar tiempo, pregunté.
-¿Y cómo me la quito?
-Sujétela fuertemente con las dos manos, apoyando los pulgares en las curvas de la quijada; tire hacia arriba y verá con qué facilidad sale. Colóquela después sobre la mesa.
Si se hubiera tratado de una pesadilla me habría explicado la orden y mi situación. Pero no era una pesadilla. Eso estaba sucediéndome en pleno estado de lucidez, mientras me hallaba de pie y solitario en medio de un lujoso salón. No se veía una silla, y como temblaba de arriba abajo debido al frío mortal que se había desatado en mis venas, necesitaba sentarme o agarrarme de algo. Al fin apoyé las dos manos en la mesa.
-¿No ha oído o no ha comprendido? -dijo la voz.
Ya dije que la voz no era autoritaria sino suave. Tal vez por eso me parecía tan terrible. Resulta aterrador oír la orden de quitarse la cabeza dicha con tono normal, más bien tranquilo. Estaba seguro de que el dueño de esa voz había repetido la orden tantas veces que ya no le daba la menor importancia a lo que decía.
Al fin logré hablar.
-Sí, he oído y he comprendido -dije-. Pero no puedo despojarme de mi cabeza así como así. Deme algún tiempo para pensarlo. Comprenda que ella está llena de mis ideas, de mis recuerdos. Es el resumen de mi propia vida. Además, si me quedo sin ella, ¿con qué voy a pensar?
La parrafada no me salió de golpe. Me ahogaba. Dos veces tuve que parar para tomar aire. Callé, y me pareció que la voz emitía un ligero gruñido, como de risa burlona.
-Aquí no tiene que pensar. Pensaremos por usted. En cuanto a sus recuerdos, no va a necesitarlos más: va a empezar una nueva vida.
-¿Vida sin relación conmigo mismo, si mis ideas, sin emociones propias? -pregunté.
Instintivamente miré hacia la puerta por donde había entrado. Estaba cerrada. Volví los ojos a los dos extremos del gran salón. Había también puertas en esos extremos, pero ninguna estaba abierta.
El espacio era largo y de techo alto, lo cual me hizo sentirme tan desamparado como un niño perdido en una gran ciudad. No había la menor señal de vida. Sólo yo me hallaba en ese salón imponente.
Peor aún: estábamos la voz y yo. Pero la voz no era humana, no podía relacionarse con un ser de carne y hueso. Me hallaba bajo la impresión de que miles de ojos malignos, también sin vida, estaban mirándome desde las paredes, y de que millones de seres minúsculos e invisibles acechaban mi pensamiento.
-Por favor, no nos haga perder tiempo, que hay otros en turno -dijo la voz.
No es fácil explicar lo que esas palabras significaron para mí. Sentí que alguien iba a entrar, que ya no estaría más tiempo solo, y volví la cara hacia la puerta. No me había equivocado; una mano sujetaba el borde de la gran hoja de madera brillante y la empujaba hacia adentro, y un pie se posaba en el umbral. Por la abertura de la puerta se advertía que afuera había poca luz. Sin duda era la hora indecisa entre el día que muere y la que todavía no ha cerrado.
En medio de mi terror actué como un autómata. Me lancé impetuosamente hacia la puerta, empujé al que entraba y salté a la calle. Me di cuenta de que alguna gente se alarmó al verme correr; tal vez pensaron que había robado o había sido sorprendido en el momento de robar. Comprendía que llevaba el rostro pálido y los ojos desorbitados, y de haber habido por allí un policía, me hubiera perseguido. De todas maneras, no me importaba. Mi necesidad de huir era imperiosa, y huía como loco.
Durante una semana no me atreví a salir de casa. Oía día y noche la voz y veía en todas partes los millares de ojos sin vida y los centenares de cabezas sin cuerpo. Pero en la octava noche, aliviado de mi miedo, me arriesgué a ir a la esquina, a un cafetucho de mala muerte, visitado siempre por gente extraña. Al lado de la mesa que ocupé había otra vacía. A poco, dos hombres se sentaron en ella. Uno tenía los ojos sombríos; me miró con intensidad y luego dijo al otro:
-Ese fue el que huyó después que estaba...
Yo tomaba en ese momento una taza de café. Me temblaron las manos con tanta violencia que un poco de la bebida se me derramó en la camisa.
Mi mal es que no tengo otra camisa ni manera de adquirir una nueva. Mientras me esfuerzo en hacer desaparecer la mancha oigo sin cesar las últimas palabras del hombre de los ojos sombríos:
-Después que ya estaba inscrito.
El miedo me hace sudar frío. Y yo sé que no podré librarme de este miedo; que lo sentiré ante cualquier desconocido. Pues en verdad ignoro si los dos hombres eran miembros o eran enemigos del Partido.
Ahora estoy en casa, tratando de lavar la camisa. Para el caso, he usado jabón, cepillo y un producto químico especial que hallé en el baño. La mancha no se va. Está ahí, indeleble. Al contrario, me parece que a cada esfuerzo por borrarla se destaca más.
FIN


El autor y su época
Juan Bosch es el autor de este importantísimo y controversial cuento, escrito en el exilio, en 1960, “La mancha indeleble”. Juan Bosch nació en la ciudad de La Vega el 30 de junio de 1909 y falleció el 1ro. de noviembre del 2001 en Santo Domingo.
Bosch es uno de los más destacados cuentistas latinoamericanos, escribiendo varias obras de distintos géneros, como ensayos de análisis sociológicos, novela, y más que nada sus cuentos que le han merecido el crédito de ser uno de los mejores cuentistas de América. Además se ha destacado como un político de alta sensibilidad, fundando dos de las más importantes organizaciones políticas de la República Dominicana, y por medio de las cuales llegó a ser Presidente de la República.


Argumento:


Todo se desarrolla en un lujoso salón, donde varias personas habían atravezado una enorme puerta para entregar sus cabezas y luego colocarlas en largas vitrinas pegadas a la pared, como muestra de fidelidad a ciertos Partidos. El narrador penetra por la puerta y se aterroriza, al pensar la vida que había dejado atrás y la que le tocaría vivir de ahora en adelante. De pronto una voz suave que llenaba todo el salón le gritaba que entregue su cabeza, éste le preguntaba que si la de él, la voz vuelve a gritarle que claro, que cuál va a ser. Al observar éste las innumerables cabezas sin vidas colocadas en las vitrinas, como forma de ganar tiempo, pregunta que cómo se quitaba la cabeza. Al oír las instrucciones de como quitarse la cabeza de parte de aquella voz, sintió un frio mortal, ganas de sentarse y agarrarse de algo, apoyó las manos sobre la mesa. Logró hablar, pero negandose a despojarse de su cabeza, por ser lo único que tiene para pensar, la voz sugiere que no tiene que pensar y que en cambio empesará una nueva vida. Al preguntar éste que clase de vida llevaría, miró hacia la puerta por donde había entrado y al ver que estaban cerradas, volvió los ojos al gran salón completamente cerrado y solitario. La voz no era humana y miles de ojos malignos la miraban, sin vida y le decían que por favor no le haga perder más tiempo que otros esperaban. Al sentir que alguien iba a entrar al gran salón, éste se lanzó sobre la puerta y saltó a la calle, corriendo como loco. Después de una semana oculto, salió a la calle de nuevo, aterrorizado, se sentó en una pequeña cafetería, a tomar un café, mientras dos hombres, sentados a su lado murmuraban: ese fue el que huyó después que estaba... Después que estaba inscrito... Al oir estas palabras se llenó de violencia, sudó de frío, y se le derramó el café por la camisa, luego sentado en su casa trató de lavar la camisa con jabón, cepillo y un producto químico especial, pero la mancha no se desvanece, al contrario cada esfuerzo que hace por borrarla, se destaca cada día más.



Tema:

El tema de esta obra se centraliza en las necesidades y problemas creados a través de una fuerza política mayoritaria que quiere absorber toda la inteligencia de una clase humilde y necesitada.


Mensaje:

El extravío de las cabezas de Bosch, hablan de una época capaz de reproducirse por si mismas, corresponden a la realidad material de lo pensado. Los partidos políticos son absorbentes de la moral y principios del pueblo, a través del tiempo, dejándonos problemas que jamás se borrarán de nuestras conciencias.


Valores morales y sociales:

En este cuento resaltan los temas políticos cuando Bosch dice: “Todos los que habían cruzado la puerta antes que yo habían entregado sus cabezas”, como una forma de expresar la gran influencia que ejercen los partidos políticos en la sociedad dominicana, y en especial en la masa más necesitada, en espera de que algún partido político asuma el poder para poder saciar sus necesidades. Pero la gran crisis surgió cuando el personaje pidió el método para poder quitarse su cabeza, terminando el cuento con la huida tempestiva del personaje sin nombre, que si aceptaba la sugerencia, no tendría identidad propia jamás, porque su cabeza pasaría a ser un objeto de estantería, cuyo valor tendría el que dieran sus aquellos personajes inhumanos que se encontraban en aquel gran salón. Los políticos buscan que las personas les dejen sus cabezas en los despachos de los partidos, para ir renunciando a sus principios, entregarles el cuerpo vacío y simbólicamente descabezado a los procesos políticos de la época.


Recursos lingüísticos:

Entre los recursos lingüísticos están por el autor están: polisíndeton, descripción, metáforas, hipérboles, símil, diálogos, interrogaciones, admiraciones y puntos suspensivos.


POLISÍNDETON:
No es fácil explicar lo que esas palabras significaron para mí. Sentí que alguien iba a entrar, que ya no estaría más tiempo solo, y volví la cara hacia la puerta. No me había equivocado; una mano sujetaba el borde de la gran hoja de madera brillante y la empujaba hacia adentro, y un pie se posaba en el umbral. Por la abertura de la puerta se advertía que afuera había poca luz. Sin duda era la hora indecisa entre el día que muere y la que todavía no ha cerrado.

DESCRIPCIÓN:
Todos los que habían cruzado la puerta antes que yo habían entregado sus cabezas, y yo las veía colocadas en una larga hilera de vitrinas que estaban adosadas a la pared de enfrente


HIPÉRBOLES:
La voz llenaba todo el salón y resonaba entre las paredes

Nadie podría evitarme esa macabra experiencia

Me lancé impetuosamente hacia la puerta, empujé al que entraba y salté a la calle.

SIMIL:
El espacio era largo y de techo alto, lo cual me hizo sentirme tan desamparado como un niño perdido en una gran ciudad.

METÁFORAS:
Mi necesidad de huir era imperiosa, y huía como loco.
Pues en verdad ignoro si los dos hombres eran miembros o eran enemigos del Partido.
La mancha no se va. Está ahí, indeleble. Al contrario, me parece que a cada esfuerzo por borrarla se destaca más.
Debo confesar que el espectáculo me produjo un miedo súbito e intenso

Pero era el caso que aún incapacitado para pensar y para actuar

PARADOJA:
Ya dije que la voz no era autoritaria sino suave

PERSONIFICACION:

Callé, y me pareció que la voz emitía un ligero gruñido, como de risa burlona



Punto de Vista del Narrador:
El punto de vista del narrador es primera persona


Personajes:
El narrador


Nivel de lenguaje empleado:
El nivel de lengua empleado por el autor es político social


Palabras desconocidas buscadas en el diccionario:

Indeleble: Que no se puede borrar o quitar.
Mancha: Señal que hace algo en un cuerpo ensuciándolo.
Imperiosa: Que no denota dureza o despotismo o que emplea tono de mando.
Desorbitar: Hacer que una cosa se salga de su órbita habitual.
Desorbitados:
Autómata: Que se mueve por si mismo. Máquina que imita el movimiento de un ser animado.
Umbral: Pieza o escalón que forma la parte inferior de una puerta.
Indecisa: Dícese de lo que está pendiente de resolución: asunto indeciso.
Parrafada: Párrafo largo en discurso, conversación, impresos, etc.


Gruñido: Voz del cerdo. Voz ronca, amenazadora, de algunos animales, como el perro. Sonidos inarticulados, roncos que emite una persona como señal generalmente de enfado.
Burlona: Inclinado a decir o hacer burlas. Que implica o denota burla: risa burlona.
Aterrador: Que aterriza
Bohemia: Dícese de aquellas personas, en especial escritores y artistas, de costumbres no convencionales y comportamiento inconformista respecto a las normas sociales.
Adosar: Arrimar a una cosa por su espalda o envés a otra: adosar un mueble a la pared.
Adosadas:
Súbito: Repentino, inesperado: idea súbita; cambio súbito.
Macabra: Que participa de lo terrorífico y repulsivo de la muerte.
Resonar: Producir resonancia. Tener resonancia una noticia, suceso, etc.
Resonaba:
Tapiz: Tejido grueso ornamental, con características técnicas y figurativas particulares, que sirve para cubrir el suelo pero que generalmente se cuelga de las paredes.
Tapices:
Escalinata: Escalera exterior de un solo tramo y hecha de fábrica.
Mayólica: Loza común con vidriado estannífero.
Cornisas: Coronamiento compuesto de mordeduras o cuerpo voladizo con molduras que sirve de remate a otro.
Flujo: Movimiento de las cosas liquidas o fluidas.


Juicio valorativo de la obra, opinión resaltando los valores esenciales, la calidad del tema y validez del mensaje; similitud de la situación con relación a nuestra realidad, personal, nacional o internacional.
Como juicio valorativo puedo expresar que la mancha indeleble es una obra de un gran contenido social, porque retrata la situación política propia de la República Dominicana.
Puedo opinar que los valores que más resaltan en este cuento de Juan Bosch están el maltrato a que son sometidos los personajes de la clase más baja y necesitada de nuestro pueblo por parte de los partidos políticos, prometiéndoles villas y castillos al momento de las elecciones, pero después de estas ser pasada, se olvidan de todo las promesas. Otro valor es el sacrificio en que se ven sometidos los fanáticos de los diferentes partidos políticos, y cómo este hombre sin apenas un nombre se le escapa al ver a las rigurosidades y maltratos que iba a ser sometido por aquella voz suave, pero que nunca vio ni conoció, en lo que tuvo dentro del gran salón. Otro valor está en la moral de aquel hombre que corre por no dejarse someter a ingratitud de parte de la voz inhumana, pues después de someter a los demás, quería su cabeza, por encima de todas las cosas a lo que éste no solo se negó, sino que corrió como loco por la calle, sin importarle que le hubieran confundido con un ladrón.
En lo que se refiere a lo internacional, esto se puede repetir también en todos los países latinoamericanos, que se caracterizan por los temas políticos sociales. También en lo personal he sido testigo de varios maltratos por parte de organizaciones políticas en nuestro entorno social.

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